29/ 06/ 2011

En la nueva publicación de la RAI
Agua
y electricidad: las cifras de una
carencia a menudo letal
· Cada año 2,2
millones de habitantes de países en vía de desarrollo, la mayoría menores de
edad, mueren por enfermedades asociadas a la falta de agua potable, la
inadecuada salubridad y la escasa higiene.
· Se calcula
que 1,5 millones de niños mueren anualmente debido a enfermedades pulmonares
por inhalar el humo al cocinar con métodos rudimentarios.
· De los 1.400
millones de personas que en 2005 vivían en situación de extrema pobreza, con
menos de 1,25 dólares al día, aproximadamente 1.000 millones vivían en zonas
rurales.
Necesitan agua ...
Actualmente
1.400 millones de personas no tienen acceso al agua potable y más de 2.600
millones carecen de un saneamiento adecuado.
En
Iberoamérica el porcentaje de población sin acceso al agua es de
aproximadamente el 15%, en Asia el 20% y en África el 40%. En el continente
africano 300 millones de personas viven sin un saneamiento e higiene básicos.
Las
mujeres, encargadas por lo general de traer agua a la familia, transportan cada
año unas 40 Tm de agua y leña: de tres a siete veces más que el transporte
asignado a los hombres, lo que les supone trabajar cuatro o cinco horas diarias
más y abandonar los estudios mucho antes.
Según
los parámetros de la OMS
y UNICEF, un suministro razonable de agua debe corresponder como mínimo a 20 litros por persona al
día y la instalación debe estar situada a menos de un kilómetro de la vivienda
del usuario.
Estados
Unidos y Australia tienen cien veces más capacidad de almacenamiento de agua
por habitante que Etiopía, que lo necesitaría mucho más.
El
coste estimado de suministrar agua potable y servicios de saneamiento adecuados
a todas las personas en el mundo para el año 2025 es de 180.000 millones de
dólares por año, es decir, una inversión de dos a tres veces mayor que la
actual.
... y electricidad
Se
estima que para 2030 habrá 1.200 millones de personas sin acceso a los
servicios básicos de energía eléctrica.
Según la Agencia Internacional
de la Energía,
a punto de llegar el plazo de 2015 fijado para los Objetivos de Desarrollo del
Milenio aún se requeriría, para conseguirlos, dar acceso a la electricidad a
395 millones y proporcionar cocinas eficientes a 1.000 millones más. El 85 por
100 de todas estas personas vive en áreas rurales.
Todavía
hoy 2.700 millones de personas que habitan en países en desarrollo dependen de
los combustibles tradicionales (leña, carbón vegetal, residuos agrícolas o
residuos animales) para cocinar y calentarse y las proyecciones son que esta
situación subirá a 2.900 millones en 2030 si no se ponen en marcha las acciones
necesarias.
La
mayoría de estas personas viven en zonas rurales y muchas de ellas en
comunidades aisladas. Cambiar esta situación es el segundo eje en el que se
basa el uso de la energía moderna como factor para la eliminación de la pobreza
y sus consecuencias.
La Agencia
Internacional de la Energía estima que para cumplir los Objetivos del
Milenio se requiere una inversión anual en el periodo 2010-2015 de 41.000
millones de dólares, lo que representa sólo el 0,06 por 100 del PIB mundial.
Lograr
el acceso universal a una energía moderna en el 2030 va a requerir un esfuerzo
adicional de 756.000 millones de dólares, es decir, 36.000 millones de dólares
anuales. Esto es menos del 3 por 100 de las inversiones globales de energía
previstas en el escenario "Nuevas políticas" al 2030.
El
incremento del consumo de energía provocado por este objetivo tendrá un impacto
modesto sobre la demanda de energía primaria y las emisiones de CO2. En 2030 la
generación global de electricidad sería un 2,9 por 100 mayor, la demanda de
petróleo subiría menos de un 1 por 100 y las emisiones de CO2 serían un 0,8 por
100 más altas.
El
problema no es, pues, el capital necesario, ni el aspecto medioambiental, ni
tampoco se trata de un problema tecnológico -las tecnologías necesarias están
disponibles- sino que más bien se trata de problemas de carácter político,
institucional, logístico, financiero, etc. Que requieren análisis
pormenorizados de cada uno de ellos y un gran esfuerzo conjunto de toda la
sociedad.
Todas estas personas necesitan alumbrarse, cocinar, recargar un móvil
con el que conectarse al mundo exterior, ver la TV, escuchar la radio, leer... y tener
oportunidades de acceder a otras formas de desarrollo.
¿Qué pueden hacer los ingenieros?
El
Estudio de la Real
Academia de Ingeniería (RAI) pretende demostrar que es
técnicamente posible resolver muchas de las carencias que sufren millones de
personas afectadas por una pobreza extrema, poniendo énfasis en destacar el
papel que la tecnología y la ingeniería pueden jugar en el desarrollo de las
comunidades rurales aisladas que carecen de servicios esenciales como agua,
telecomunicaciones y electricidad. Estas son algunas de las principales
actividades que vienen desarrollando los ingenieros en relación con el
suministro de energía y agua a las comunidades rurales aisladas:
Alumbrado público de comunidades
mediante el uso de farolas autónomas dotadas de paneles fotovoltaicos y
baterías.
Suministro de energía eléctrica a centros de
salud en comunidades rurales aisladas para iluminación,
frigoríficos para vacunas, comunicación por radio y video.
Electrificación de centros de uso comunitario
(escuelas, comedores infantiles, centros de reunión, iglesias etc)
Electrificación domiciliaria mediante la utilización de fuentes de energía renovables
Suministro de agua potable a comunidades mediante la localización de acuíferos, captación, elevación,
almacenamiento, depuración y distribución de agua para diferentes usos.
Dotación de saneamiento a las comunidades.
Instalación de microcentrales hidroeléctricas.
Electrificación de pozos manuales para la extracción de agua.
Elevación de agua mediante la utilización de
molinos.
El
estudio de la RAI
presenta un amplio campo de contribución de la ingeniería al progreso económico
y social y ha de contribuir a la comprensión en profundidad de la realidad de
las comunidades rurales aisladas por parte de los profesionales de la
ingeniería.
Los ingenieros desde sus puesto de trabajo
en administraciones, empresas, universidades y ONGs tienen hoy la posibilidad
de aportar soluciones técnicas que contribuyan a resolver muchas de las
carencias que hoy sufren millones de personas a quienes la pobreza les priva de
sus derechos fundamentales.
Aunque
sin duda los ingenieros que desarrollan su actividad en el entorno de la
cooperación encontrarán una aplicación más inmediata del trabajo realizado, este
nuevo estudio de la RAI
abre también amplios horizontes para la ingeniería. Particularmente en el campo
de las tecnologías adecuadas para el desarrollo, en el que es imprescindible
dar solución a la brecha existente entre el sistema tecnológico y productivo y
las necesidades de desarrollo de las comunidades rurales aisladas.
Para más información :
Paloma Larena/Departamento de Prensa/91 528 20 01
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